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León Felipe en su poemario Versos y Oraciones de Caminante escribía
en su poema Romero sólo estos versos: …Que no se acostumbre el
pie/a pisar el mismo suelo […] la mano ociosa es quien tiene/más fino
el tacto en los dedos, decía Hamlet a Horacio/viendo como cavaba
una fosa/y cantaba al mismo tiempo/un/sepulturero./-No/ sabiendo/los
oficios/los haremos/con/respeto-./Para enterrar/a los muertos como
debemos/cualquiera sirve, cualquiera…/menos un sepulturero…

La última caricia – Texto y Fotos: ©Alfonso Azaustre

La situación vivida a lo largo de este tiempo de pandemia quizá ha cambiado la afirmación de León Felipe porque todos hemos aprendido la esencialidad de unos oficios quenos han mantenido con el pulso
de la vida o han acariciadolos restos de personas queridas en su último viaje al cementerio. Y así hemos valorado esos oficios que, escondidos en la cotidianidad, son esenciales para nuestra vida.

La última caricia – Texto y Fotos: ©Alfonso Azaustre
La última caricia – Texto y Fotos: ©Alfonso Azaustre

Oficios y trabajos en ocasiones mal pagadosy mal valorados por la sociedad,
como los trabajadores de los supermercados, cajeras, reponedores, transportistas, profesionalesde la limpieza, y… sepultureros.
Todos hemos asistido al reconocimiento y visión de los miles de fallecidos en nuestro país y en el resto del mundo.
Por ello, sea esta pequeña muestra del trabajo de los sepultureros
un homenaje a los que llevaron una última caricia a nuestros seres queridos. Quizá no sirva cualquiera, como expresaba León Felipe, para enterrar a los muertos. Pero lo que sí es innegable que esa última mirada proviene de un corazón compasivo y una mano encallecida
que siente en su carne el dolor de la humanidad y la acaricia.

La última caricia – Texto y Fotos: ©Alfonso Azaustre
La última caricia – Texto y Fotos: ©Alfonso Azaustre

Cesar Cantano lleva 11 años trabajando como sepulturero en la preciosa localidad de Huétor Tajar (Granada). Sus vecinos lo respetan y lo quieren.
Realiza su trabajo con mucha responsabilidad e intenta hacerlo
lo mejor posible, siempre cerca de los familiares, dándoles su apoyo, cariño y acompañándoles en esos momentos tan duros como es la muerte
de un ser querido. Desde hace más de una década César entierra a sus paisanos, pero ahora más que nunca, en plena pandemia por
el Covid-19, ha vivido y vive momentos muy duros, difíciles de explicar con palabras. Su teléfono no para de sonar. César trabaja provisto de mascarilla,
guantes y traje especial de protección integral.

Dice haber sentido miedo a contagiarse, pero no está obsesionado con ello, pues está por encima su sentido de la responsabilidad y profesionalidad. Sabe que su actividad es esencial y lo importante que es para los
familiares poder despedir dignamente a un ser querido.

La última caricia – Texto y Fotos: ©Alfonso Azaustre
La última caricia – Texto y Fotos: ©Alfonso Azaustre

Nos cuenta su actividad: acondicionar nichos, dejar espacio
para los siguientes, en muchas ocasiones abrir tumbas, recoger
restos de lo que fue la vida de un ser humano, depositarlos
en otro espacio o en un espacio común del cementerio, limpiar,
colocar el ataúd o las cenizas, cerrar el nicho, colocar coronas
de flores …

Pero lo más duro es sentir y compartir el dolor de los familiares, teniendo que estar preparado psicológicamente
para enterrar a todas esas personas a las que le pone rostro, nombre y apellidos, que son sus vecinos e incluso sus propios familiares
y compañeros.
Todos pensamos que somos y seremos inmortales.

La última caricia – Texto y Fotos: ©Alfonso Azaustre
La última caricia – Texto y Fotos: ©Alfonso Azaustre
La última caricia – Texto y Fotos: ©Alfonso Azaustre

En cierta manera nos aferramos así a lavida para tener ilusiones, emprender proyectos y construir un futuro. Nos cuesta mirar de frente a la muerte.
Por eso el trabajo de César no es apto para cualquiera y es digno de admirar.

La última caricia – Texto y Fotos: ©Alfonso Azaustre

En cada una de sus jornadas realiza un auténtico acto de valor. Se enfrenta
a diario al dolor y al sufrimiento. Su presencia en cada acto de sepultura –la mayoría de las veces invisible para el resto–, le ha hecho ser un experto conocedor de la fina línea que separa la vida de la muerte. “Estamos
preparados para la vida, pero no para la muerte”, nos dice
César, con la templanza y serenidad de quien sabe perfectamente
de lo que habla. César se levanta cada día apreciando la vida porque trabaja
con la muerte. Acaricia la muerte en su rutina. Tiene una sensibilidad especial.

La última caricia – Texto y Fotos: ©Alfonso Azaustre

Asombra su capacidad de reponerse cada mañana, dispuesto a ofrecer lo mejor de sí mismo para trabajar con la mayor de las adversidades porque es consciente de que tiene la misión de ofrecer “la última caricia”
al que se va. Personas como César merecen todo el reconocimiento, respeto
y admiración. Merecen salir del anonimato. Merecen el agradecimiento público por su valentía y profesionalidad. Sirva este reportaje para hacer
visible a un héroe que nos ha emocionado y nos ha dado
una gran lección de vida.

La última caricia – Texto y Fotos: ©Alfonso Azaustre
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